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Dic
12

El día que ellos parieron

Hace escasos días conmemorábamos la aprobación por referéndum en 1978 de una nueva Constitución para España. Con la ley de leyes del 78 se abrían las puertas a una nueva etapa que encauzaría toda esa amalgama de emociones que, de manera incipiente, ya bullía en los hogares. No debió ser fácil, tras la muerte del dictador, abrir ventanas, airear habitáculos, dejar que la luz entrase y devolver el color y la ilusión a una sociedad sometida durante décadas a un régimen dictatorial.

 

Daban comienzo los años conocidos como ‘La Transición’, que harían frente a la colosal tarea de deconstruir todo ese sistema que sumergió el alma de un país entero en un profundo gris. Una ingente labor institucional y política que, sin duda, se hizo más llevadera a medida que el miedo y la represión quedaban atrás para dar paso al reencuentro con la libertad.

 

Todo un momento histórico que, como tal, y de acuerdo con el orden establecido, sólo podían parir ellos, en masculino: ‘los padres de la Constitución’. Esta especie de reconocimiento de filiación, con sobreexposición paterna repetida en titulares y en documentales que recrean aquella compleja etapa, resulta demasiado reduccionista. Tanto, que deja fuera una parte de la realidad no menos importante, el trabajo de ellas. Mujeres valientes que pusieron toda la carne en el asador en un momento en el que, hasta hace bien poco, no lo olvidemos, ni siquiera sus capacidades jurídicas y de obrar como sujeto les pertenecían, eran propiedad de sus representantes legales: sus esposos.

 

El pasado día 6 de diciembre, la festividad del Día de la Constitución volvió a vestirse de varón, a usar maquinilla de afeitar y manifestarse con voz grave. Los llamados ‘padres de la Constitución’ y sus hijos, los actuales herederos políticos del sistema de partidos, volvieron a acaparar la actualidad mediática. Focos y flashes para ellos, para eso un día ‘parieron’… Ellas, otra vez en casa.

 

Afortunadamente, de vez en cuando, y aunque sea la excepción y no la norma, un rayo de luz hace visible esta otra realidad. Me refiero a iniciativas como Las Constituyentes, de Oliva Acosta. Un extraordinario documental que pone cara y voz en primera persona al trabajo de todas esas mujeres que conquistaron espacios inalcanzables para nosotras. Las Constituyentes, las veintisiete, aunque sólo sea por una hora, vuelven al centro de la política, Dolores Ibárruri, Belén Landáburu, Asunción Cruañes, Ana María Ruiz-Tagle, Esther Tellado, María Dolores Pelayo, Nona Inés Vilariño, Rosina Lajo, Soledad Becerril, María Izquierdo, Amalia Miranzo, Mercedes Moll, Carlota Bustelo, Virtudes Castro, María Dolors Calvet, Gloria Begué, Elena María Moreno, Dolores Blanca Morenas, María Teresa Revilla, Pilar Bravo, Palmira Plá, Inmaculada Sabater, Juana Arce, Marta Mata, Maria Rubiés, Mª Victoria Fernández-España, Garmen García-Bloise.

 

Alguna de ellas dice ‘antes, ser feminista era una cosa espantosa’… Sin embargo, ellas mismas son la mejor muestra de que ese feminismo clandestino, aplastado temporalmente por la potente maquinaria propagandística sobre la mujer ideal que se escondía bajo el sugerente nombre de ‘la sección femenina’, consiguió sobrevivir y jugar además un papel determinante en los derechos que hoy, no sin dificultad, nosotras, sus herederas, disfrutamos.

 

No cabe duda de que la euforia y la ilusión por el cambio que el momento inyectó en las venas de la sociedad, también contagió a las mujeres españolas, que vieron en este posible cambio una oportunidad de liberación para ellas y para sus hijas y nietas.

 

Si la diversidad se apoderó del panorama y facilitó el diálogo y el acuerdo entre partidos tan antagónicos como Alianza Popular y el PCE, también estas mujeres, representando a tantísimas otras, desde su diversidad, unieron esfuerzos por un objetivo común. Algunas de las protagonistas de la época militaban conscientemente en el feminismo, otras, sin ni tan siquiera reconocerse en él lo practicaron en cada paso adelante que dieron. Mujeres como Belén Landáburu, que emprendía su soterrada lucha desde dentro del Régimen, otras como Asunción Cruañes que recuerda que ‘tenía 52 años y votaba por primera vez’, y otras como Carlota Bustelo que, desde su doble militancia feminista y socialista, protagonizaba los discursos más contundentes. Se escribía una nueva página y ellas ´no quisieron ser testigos de la historia sino protagonistas´

 

El arduo trabajo dejó avances de incalculable valor y el texto constitucional otorgaba a la igualdad un papel de eje principal, aunque desde un lenguaje general y neutro que incluía a las mujeres. Ilegalizaba expresamente la discriminación por distintas razones, también por razón de sexo. Se recogía la igualdad jurídica de ambos cónyuges al contraer matrimonio y el derecho al trabajo y a una remuneración suficiente sin discriminación por razón de sexo…

 

Sobre el debate de si la Constitución del 78 fue una conquista, o si tan solo fue algo suficiente, mejorable o directamente un ‘candado’ como algunos sostienen, hay un amplio debate. Desde quienes se remiten al famoso dicho ‘la política es el arte de lo posible’ hasta quienes desde incluso meses antes del momento de su aprobación ya mantuvieron una postura muy crítica con el texto.

 

Pasados treinta y ocho años desde entonces, me pregunto si no debiéramos estar nosotras, las mujeres, tan o más preocupadas que entonces ante el futuro que de manera más o menos inmediata, nos podemos encontrar.

 

Abierto el debate sobre la reforma de la Constitución, con unas manifiestas ansias de cambio (aunque quizás con menos esperanzas) entre la ciudadanía, y con una preocupante fragmentación política de la izquierda, me pregunto dónde están nuestras reivindicaciones. No ya aquellas que quedaron pendientes entonces, sino las actuales. ¿Están en el centro de la batalla política? ¿Están en la agenda de todos los partidos políticos? ¿Donde estamos nosotras? ¿Estamos en una posición que nos pueda permitir promover esos cambios? ¿Son las mujeres de los distintos partidos políticos, feministas o no, conscientes como lo eran entonces aquellas constituyentes de que el objetivo común, nuestra libertad y nuestros derechos, estaban por encima de la ideología y de los partidos? ¿O seguimos donde siempre, en un segundo o tercer lugar?

 

Lamentablemente, en el panorama nacional retumban demasiado fuerte voces masculinas con discursos que cuestionan las cuotas de representación femenina, las medidas de acción positiva, argumentos que pasan de puntillas por la lucha contra violencia de género, cuando no, intentan desvirtuarla incorporando al género agresor como agredido. Resuenan viriles mensajes opinando sobre la feminización de la política, hablando por nosotras y en lugar de nosotras.

 

¿Hemos avanzado nosotras todo lo que deberíamos o esperábamos tras la caída del Régimen? A veces me da por pensar que, aunque hay quien dice que muerto el perro se acabó la rabia, hay perros que parecen inmortales y rabias que no tienen fin.

 

 

APL

12 de diciembre, 2016.

 

 

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