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May
02

Las gamberras no están en la calle

1º de mayo, día emblemático donde los haya para cualquier sindicalista, comprometida, de izquierdas…


El Día del Trabajo, casi nada, un derecho fundamental que, cada día más, alguno “se pasa por el forro” y eso gobernando…Sin gobernar, ya sabemos de qué les sirvió, como arma arrojadiza para tirársela a la cara al anterior gobierno, tan sólo para eso tuvieron en cuenta los datos de la EPA.

Y es que corren días difíciles para las palabras. Las palabras en el buen sentido que tuvieron un día. Las palabras con su significado más honesto: el compromiso. Cuando alguien te daba su palabra solía no hacer falta nada más, era una garantía más que suficiente, era un pacto sellado entre personas. Por eso las palabras generaban ese sentimiento tan necesario, la confianza. Esa que el señor Rajoy tanto pedía al ex presidente del Gobierno y de la que hoy, siendo él mismo Presidente del mismo país, se ha olvidado.
Las palabras  en boca de algunos, sólo generan desconfianza, indignación, impotencia, y una desproporción absolutamente anacrónica.

Vergüenza debiera darles a algunos y a algunas -si es que la tuvieran- salir a la calle, ese espacio que todavía es público. La vía pública, espacio que es icono de libertad y que pueblos enteros invaden y ocupan para mostrar su desacuerdo. Es en la calle donde la sociedad civil habla a gritos cuando son sus palabras las que no se quieren oír.

La sociedad civil, la ciudadanía, esa que estáis intentando desprestigiar, acorralar, someter y hasta penalizar, salimos ayer, 1º de Mayo, a manifestarnos un año más. Este año con muchísimos motivos. Las calles se llenaron, muy a pesar de la derecha y de sus voceros mediáticos, que hoy pretenden llamar a engaño con titulares “maqueados”. Lo que simplemente demuestra que el tema no les pasa por alto.

Soy sindicalista y liberada, y ayer como otras tantas veces salí a la calle con mis compañeros y compañeras, con asociaciones, con otros sindicatos, con partidos políticos de izquierda, con personas anónimas, con amigos y familia… sí, lo hicimos, todos juntos. Por eso, esta mañana al escuchar en la Cadena Ser a Esperanza Aguirre decir las burradas que ha dicho, me ha parecido simplemente una chabacanería impropia a la altura de su cargo: Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid. No puedo evitar imaginar la que se hubiera liado si el Secretario General de la organización en la que milito, UGT, hubiera llamado a esta señora “gamberra”. La modificación del código penal se habría quedado corta, probablemente hubieramos vuelto a la hogueras. Nos llama también “anticuados” que caeremos como el muro de Berlín, y me pregunto si no mira a sus compañeros de partido o a sus amigos de la CEOE, porque, si hay una “antigualla” por antonomasia, ese es don Arturo Fernández, pero claro, esos no salen a la calle, simplemente mueven los hilos desde sus despachos. Todavía estoy acordándome de las manifestaciones de este señor diciendo “esto empieza a oler bien” en referencia a las reformas del PP…, como ya no sale a hacer declaraciones, no sé si sigue pensando lo mismo después de los datos de la EPA.

El caso es que a la señora Aguirre parecen quitarle el sueño los sindicatos por pedir empleo y no los empresarios por destruirlo. Para anticuado el capitalismo salvaje que usted lleva por bandera.


Señora Aguirre, las gamberras no están en la calle. Como los chorizos tampoco están en las cárceles.

La calle no nos es ajena. No es exclusiva de aquellos que la paseaban a caballo para imponer su autoridad o “mostrar su altura de miras”.  Mientras a su partido no le dé por privatizarla, la calle es eso: vía pública. Un lugar para compartir y no para marcar diferencias, que sólo sirven para evidenciar los complejos de alguna gente.

Estamos condenados a CONVIVIR y hasta que algunos no lo entiendan estarán perdiendo tiempo y haciendo esfuerzos baldíos.  

Las personas de izquierdas tenemos señas de identidad que tienen mucho que ver con el diálogo, con la paz, con la igualdad, con la sostenibilidad, con la democracia, con los derechos sociales, con el sentimiento colectivo y con COMPARTIR. No pasa nada señora Aguirre por compartir espacio, vivencias, educación, sanidad, sociedad, etc…. ¿es que nos sois España? Nosotros también…una España universal y diversa donde tienen cabida personas de todo tipo y color.

Qué difícil nos estáis poniendo esas señas de identidad con vuestras provocaciones diarias y con vuestros insultos.

¿Se es más por insultar? ¿Se es más por pisar más fuerte? ¿Se es más por explotar? ¿Se es más por tener acceso a privilegios?…Sí, es cierto. Se es más. Se es más inútil, ridículo e intransigente.

La democracia solo puede ser participativa. Si no, no lo es.

Y aquí, en España, nos dijeron que el trabajo era un derecho…eso nos dijeron…hasta por escrito. Cuando salimos a la calle estamos exigiendo ese derecho ¿tan grave le parece?

APL
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5 comentarios sobre “Las gamberras no están en la calle

  1. Los gamberros están en el gobierno ahora. Están que trinan porque no les gusta que les critiquen.
    La Espe quiere que los sindicatos sean como los de Franco, al servicio del gobierno. Si fueran como hace 70 años, saldríamos a las calles con el fusil en la mano. Lo mismo es lo que busca.

  2. Completamente de acuerdo contigo compañera, yo también soy Delegado de UGT en Asturias y ya empiezo a estar mas que harto de toda esta pandilla de impresentables.
    Los Sindicatos y los sindicalistas estamos en su punto de mira, molestamos demasiado. Ahora toca eliminar derechos y por tanto, nuestra labor en favor del diálogo y la concertación y todo nuestro trabajo para la resolución de problemas no tienen cabida en sus balances.
    De todas maneras, no hay nada nuevo bajo el sol. Recuerdo que mi abuelo, un viejo militante del SOMA-UGT (Sindicato de los mineros de Asturias), me decía hace bastantes años “Mira guaje, los sindicatos son como el aire. Solo los echas de menos cuando te faltan”. Y sabía de qué hablaba, después de 40 años de mina y de sobrevivir a la Revolución del 34, a la guerra civil y a las represiones posteriores de ambas.
    De todas formas, leyendo artículos como el tuyo uno se anima, todavía quedamos gente con ideas. No todo está perdido.

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