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Mar
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Tres días de luto oficial por la muerte de Suárez, demasiado tiempo vestidos de negro

Nací un mes después de que Adolfo Suárez fuera nombrado Presidente del Gobierno de España, y cuando éste dejó de serlo tenía yo tan sólo tres años. Así que me perdí (o me gané) toda esta etapa y sus previos, al menos de una manera consciente y activa. Y aunque disfruté de años de estabilidad y equilibrio, todo lo que sé me lo han contando personas que, como mis padres, sí vivieron ese, aún reciente, periodo de nuestra historia. Como no, los libros de texto, lecturas de historia, reportajes televisivos y continuas referencias en artículos de opinión y noticias sobre la vida personal y pública del que fue el primer Presidente del Gobierno de la democracia.  

Todo ello hizo que conformara una idea sobre Adolfo Suárez González semejante a la de un señor carismático, tolerante, generoso y de profundos valores. He de confesar que tan sólo en una ocasión, su imagen se tambaleó y casi termina yéndose al garete.  Fue hace algo más de un par de meses, exactamente el 29 de diciembre, cuando mi amigo José Manuel Martínez me pasó vía Facebook la entrevista que concedía Gregorio Morán a la revista JotDown y que llevaba por título “Los padres de la Transición eran absolutamente impresentables”. En ella quedan al descubierto tremendas sombras que no dejan a  Suárez demasiado bien parado. Sin embargo, aún después de leer a Morán, a estas alturas, hay algo que considero incuestionable: este señor fue capaz, en un momento muy crítico, de reconciliar una España dividida en dos, llena de rencor y muerta de miedo. Después podremos debatir sobre lo “temporal” de “su hazaña” o incluso acerca de lo “movedizo” del terreno sobre el que se asentaron los “cimientos democráticos” por aquel entonces.

Tampoco estaría mal hablar largo y tendido sobre asunción de responsabilidades, incluso hacer autocrítica sobre qué hemos aportado cada uno de nosotros como ciudadanos para contribuir y continuar ese camino que, con tanto esfuerzo, se inició entonces.

Coincide el fallecimiento de Suárez con una enorme movilización de la sociedad civil, el 22M. No sin razón, muchos han visto en el anticipado anuncio de su muerte un intento de acallar mediáticamente el grito ciudadano que ayer confluía en Madrid. Y digo “no sin razón” porque sobradas muestras para la desconfianza nos ha dado este gobierno, principal -que no único- manipulador mediático.

Lo que está pasando en este país no es de una importancia menor, en absoluto. Y, a diferencia de la otra etapa que protagonizó mi generación anterior, ésta sí la estoy viviendo, aún no sé si para bien o para mal, pero desde luego con plena conciencia y de una manera muy activa. Y me atrevo a decir que hace mucha falta un nuevo Adolfo Suárez, por supuesto contemporáneo, en versión actualizada. Lo aclaro porque, conociendo el patio, y por aquello de renovarse para no morir, más de uno se hace un lifting, se cambia el color de la pashmina y termina postulándose por enésima vez. Más de un ejemplo estamos viendo estos días con el renacer de viejas glorias.

Insisto, la casualidad ha querido que el 22M y el fallecimiento de Adolfo Suárez coincidan en el tiempo, quizás para poner más en evidencia aún la necesidad de liderazgo político que, fuera de bromas, han de asumir personas coetáneas, protagonistas del hoy que habrán de responsabilizarse del mañana.

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La ciudadanía ha vuelto a salir en masa a la calle para confluir en la capital, allí ha gritado su desesperación, y ha manifestado su necesidad de auxilio. Mientras, el actual gobierno ultraconservador, lejos de dar respuesta a las necesidades de su gente, se dedica a generar más problemas donde ni siquiera los había, la propuesta de ley del aborto es un claro ejemplo de ello. En su incapacidad por reconocer que sus propias políticas son las que están soliviantando a la ciudadanía, se empeña en reprimir a palos las manifestaciones, poniendo en grave riesgo, no ya la salud de las personas, sino la de la propia democracia, o lo que queda de ella.

La clase política actual está siendo incapaz de acortar la distancia y enmendar esa desafección ciudadana hacia ellos. No existen propuestas ni alternativas creíbles, pero ellos se afanan en cacarear la embutida y socorrida frase “políticas activas de empleo” mientras todos vemos cómo la hiperactividad se ceba con el desempleo.

También estamos los sindicatos de clase, y hablo desde la militancia que yo misma practico todos los días en un comité de empresa, eso sí desde una mirada “crítica muy criticada” por el aparato. Sigo pensando que continuamos noqueados, se hace más necesaria que nunca la capacidad de reacción y de adaptación a nuevos tiempos. Una de las asignaturas pendientes, el paro. La clase trabajadora se está convirtiendo en la clase parada, y ésta no encuentra en los sindicatos una herramienta para organizarse. Los parados están segregados en las estructuras sindicales por el sector de producción al que pertenecieron cuando eran eso, producción. El hecho de que no exista una “federación” de referencia para personas paradas o en búsqueda de empleo, obviamente dificulta la capacidad para organizarse de acuerdo a sus propios intereses y reivindicaciones. No sólo aquí fuera en la calle, también dentro, en el propio aparato que debe impregnarse del mayor problema social de hoy, con sus protagonistas al frente, los parados y paradas, también como líderes sindicales. 

EL 22M  se ha saldado con veinticuatro detenidos y un importante número de heridos , el Presidente del Gobierno acaba de decretar tres días de luto oficial por la muerte de Suárez y lamentablemente este país ya lleva un tiempo vestido de negro.

Así vamos, irremediablemente de vuelta a las dos Españas. Menos mal que, como dice Juan José Téllez en su artículo de hoy “España tiene mucha marcha”.

24 de marzo de 2014

APL

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  | 2 comentarios   | Laboral, Política, sindicalismo

2 comentarios sobre “Tres días de luto oficial por la muerte de Suárez, demasiado tiempo vestidos de negro

  1. El unico beneficiado con la existencia de Suarez ha sido , es y será el rey impuesto por Franco a todxs lxs españolxs además cerrando en falso el problema de la España de vencedores y vencidos. Volvieron a vencer de nuevo la derecha mas rancia dejandonos una herencia que hoy día estamos recogiendo los negros frutos del árbol del odio y el rencor.

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